“Una mujer con voz es, por definición, una mujer fuerte.”— Melinda Gates
Desde una profunda transformación personal y emocional, Ana Guillén ha descubierto que el verdadero liderazgo comienza dentro de uno mismo. Su historia nace de ese momento en que muchas mujeres sienten que han perdido su identidad entre responsabilidades, exigencias y expectativas. Sin embargo, en ese mismo proceso encontró una oportunidad para reconectar con su esencia, su fe y su propósito. Hoy acompaña a otras mujeres, especialmente madres, a recordar que pueden cuidarse, escucharse y elegirse sin culpa. A través de la inteligencia emocional, Ana comparte herramientas que permiten vivir con mayor conciencia, equilibrio y amor propio. Su voz se ha convertido en un recordatorio poderoso: cuando una mujer sana emocionalmente, también transforma a las generaciones que vienen detrás.
¿Quién eres hoy desde tu esencia?
Wow, esta es una pregunta que hace unos años no podía responder y solo decía: soy madre de dos niñas hermosas. Y sí, lo soy. Pero gracias a todo lo vivido, a sentir que perdía mi identidad, hoy tengo claro quién soy. Y aunque todos los días nos vamos conociendo un poco más, vamos cambiando y vamos reinventándonos; hoy puedo decir con certeza que soy una persona que tiene a Dios como su mejor amigo. Una mujer que hoy se permite ser vulnerable sin sentirse débil, que todos los días da gracias por lo más mínimo, que elige ser feliz y que usa la inteligencia emocional como estrategia de vida. He aprendido a escucharme, a honrar mi sensibilidad y a transformar el cansancio, la culpa y la autoexigencia en conciencia, compasión y equilibrio. Hoy sé, con certeza, que sí se puede.
¿Cuál es la misión o propósito que impulsa tu marca personal o tu negocio?
Acompañar a mujeres, especialmente madres, a recordar que son humanas, no robots; que sienten, desean y eso está bien. Ser madre no significa perder tu identidad ni dejar de ser quién eres. Y si sientes que no puedes más, no es porque seas mala madre, es simplemente que estás cansada.
Mi propósito es replicar la inteligencia emocional para que cada vez seamos más madres emocionalmente sanas, criando niños emocionalmente sanos, y así impactar generaciones desde la conciencia y el amor.
¿Qué valores son innegociables para ti en tu vida y en tu emprendimiento?
La honestidad, el respeto emocional, la empatía y la coherencia. Para mí, ser honesta es vivir y acompañar desde la verdad, incluso cuando no estás cómoda. El respeto emocional implica validar los procesos propios y ajenos sin juicio, entendiendo que cada persona vive sus tiempos y sus batallas internas.
La empatía me permite acompañar desde el “te veo y te entiendo”, no desde la exigencia ni la superioridad. Y la coherencia es lo que sostiene todo: que lo que pienso, digo y hago esté alineado. Creo profundamente que se puede acompañar con firmeza sin dejar de ser suave, y que la dulzura también es una forma poderosa de liderazgo.
¿Qué proyecto, servicio o producto te mueve el alma actualmente y por qué?
Todo lo que tiene que ver con enseñar a las mujeres a sostenerse emocionalmente en su día a día. Me mueve crear espacios donde no tengan que “poder con todo”, sino aprender a cuidarse sin culpa y con amor propio. Todo lo que me permita llevar la inteligencia emocional a la vida cotidiana de las mujeres.
¿Cuál ha sido un momento clave en tu camino que marcó un antes y un después como mujer líder?
Reconocer que no necesitaba ser experta para acompañar, sino consciente, marcó un antes y un después en mi camino. Entendí que no se necesitan tantos títulos para validar lo que sabes y que la experiencia vivida, cuando se honra, también es conocimiento y tiene un valor inmenso. Durante mucho tiempo minimice mi propio proceso, creyendo que no era suficiente, hasta que decidí honrarlo y reconocerlo como parte esencial de mi conocimiento. En ese punto dejé de buscar aprobación y de exigirme demostrar. Elegí ser. Y cuando una mujer se permite ser, su voz se vuelve firme, clara y verdadera. Entonces mi mensaje dejó de salir desde la necesidad de validación y empezó a nacer desde la verdad. Fue entonces cuando se volvió más humano, más cercano y mi voz adquirió fuerza.
¿Qué hábito, filosofía o pensamiento te ha ayudado a seguir avanzando en los días difíciles?
YO elijo ser feliz, elijo mis batallas, me permito sentir sin dejar que mis emociones me dominen; yo las gestiono a ellas. Esa es mi filosofía. Y cuando todo se nubla, me permito parar, escucharme y, a veces, no hacer nada. Siempre trato de no decidir desde la emoción ni desde el impulso, porque eso también es una forma de autocuidado y de inteligencia emocional. Aprendí que descansar y esperar claridad también es avanzar. Como hábito, respeto mucho el tiempo del día que decido dedicar a mí, a lo que me nutre y a lo que genuinamente me hace feliz.
¿Qué le dirías hoy a la mujer que empieza, que sueña o que duda de su potencial?
Que, aunque todos los días te cuestiones si estás haciendo lo correcto o si este camino es para ti, no te detengas. Dudar no significa que estés fallando; significa que estás creciendo, que te importa y que estás siendo consciente de cada paso que das. El cuestionamiento y la duda siempre van a existir: no son obstáculos en el camino, son pruebas que miden tu fuerza, tu resiliencia y tu capacidad de sostener lo que sueñas.
No esperes a sentirte completamente segura para avanzar. La claridad muchas veces llega caminando, no antes de empezar. Sigue, incluso con miedo, incluso con preguntas, porque avanzar con dudas también es avanzar, y cada paso que das te acerca un poco más a la mujer que estás llamada a ser.
¿Cómo contribuyes con tu talento a la comunidad, al mundo o a otras mujeres?
Aprovechó cada espacio y cada conversación como herramientas de servicio para promover la inteligencia emocional y la felicidad por elección como un estilo de vida. A través de mis programas basados en la metodología VIVE, conferencias y clases, acompañó a las mujeres con herramientas prácticas que puedan aplicar en su día a día, incluso en medio del cansancio y las responsabilidades. Y ahora también a través de la escritura, creando libros que puedan cruzar fronteras. Así buscó sembrar conciencia, calma y esperanza, por ejemplo, como coautora del libro ¿Y si no hubiese sucedido?, junto a Elina Rees, con mi capítulo “¿Quién serías sin esa culpa?”, una invitación a soltar cargas emocionales y reconectar con la propia esencia.
¿Tres libros que, desde tu perspectiva, deberían leer las mujeres para su crecimiento, educación y amor propio?
Para su crecimiento: La auténtica felicidad – Martin Seligman.
La felicidad como elección consciente y como estilo de vida, con base en la psicología positiva.
Para la educación emocional: El padre consciente – Shefali Tsabary.
Una mirada profunda sobre la crianza consciente sin perder la identidad como mujer.
Para el amor propio: Los dones de la imperfección – Brené Brown.
Un recordatorio profundo de que no necesitas ser perfecta para ser valiosa.
Tengo muchos más libros que aportan a mi propósito, pero estos llegan a mí rápidamente porque creo fielmente que “sanar a una madre es sembrar bienestar en toda una familia”
¿Qué significa para ti ser parte de Mujeres que se Atreven y Superan Límites?
Significa pertenecer a una comunidad de mujeres que entendieron que el verdadero crecimiento ocurre cuando se ayudan unas a otras. Mujeres que hacen el camino más seguro, más bonito y más humano, y que juntas permiten que las bendiciones de Dios se multipliquen.
Creo profundamente en su importancia y en el impacto que tiene, porque es un espacio donde cada historia importa, donde no hay competencia sino apoyo, y donde cada mujer puede avanzar a su ritmo, sabiendo que no camina sola
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”— Eleanor Roosevelt
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